La fecha coincide, en Argentina, con el nacimiento de Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917), reconocido como el «padre de la ciencia folklórica».
Muchos fueron los términos que intentaron reemplazar a la palabra Folklore, todas buscando castellanizar el término: "saber del pueblo", "demosofía", "tradición", etc. Sin embargo, ninguno de ellos prosperó. Su consagración oficial se logró en 1878 con la fundación de la Folk-lore Society, la primera Sociedad Folklórica de carácter científico que define al Folklore como ciencia y elabora su programa.
Hacia 1887, el inglés Houme, uno de los fundadores de la sociedad, define al Folklore como: "Ciencia que se ocupa de la supervivencia de las creencias y de las costumbres arcaicas en los tiempos modernos".
Colectivo: Porque deja de ser creación personal al ser incorporado al patrimonio tradicional.
Popular: porque ha sido asimilado por el pueblo (folk).
Empírico: porque se transmite sin que medie una enseñanza escrita o teórica, sino práctica, gestual, a través del ejemplo.
Oral: porque la transmisión se hace oralmente, por experiencia directa de un individuo a otro, de una a otra generación.
Funcional: porque el pueblo solo adopta el hecho folklórico si se identifica con su idiosincrasia, descartando lo que no llene una función en la vida de la comunidad. Anónimo: porque se desconoce el nombre del autor o autores, que la obra del tiempo ha borrado y se considera como herencia común.
Regional: porque la naturaleza circundante influye en lo folklórico y le da un matiz local, aunque luego se difunda en toda una región, a varias o aún sea adoptado por todo el país.
Folklore vivo: es aquel que se conserva aún y se practica espontáneamente en la población sin mediar la acción de profesores y escuelas de danzas. Ejemplo: Gato, Chacarera, Zamba, Cueca y muy pocas más.
Folklore extinto: es aquel que no se practica naturalmente, cayeron en desuso, no en el olvido, y constituyen elementos que la obra de los cultores de la tradición trata de revivir.
Estrictamente, la palabra folklore se usa para definir a expresiones culturales anónimas, populares y tradicionales. En la Argentina, sin embargo, se conoce como «folklore» o «música folklórica» a la música popular de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas y afro-hispano colonial. Técnicamente, la denominación adecuada es música de proyección folklórica de Argentina.
Principales intérpretes de Folklore argentino
Andrés Chazarreta y Atahualpa Yupanqui son considerados los padres del folklore nacional, al haber sido los primeros en sistematizar el rescate de las músicas, las danzas y las voces populares de la Argentina…
El poeta salteño Jaime Dávalos, por su parte, ayudó a enriquecer al folklore con su pluma exquisita.
El cantautor Hernán Figueroa Reyes fue una de las figuras más importantes del “boom” de la música folklórica, que explotó en la década del sesenta y cuyos mayores representantes fueron Mercedes Sosa y Ariel Ramírez, quienes incluyeron en sus repertorios temas característicos de todas las regiones del país y se convirtieron en verdaderos embajadores del folklore autóctono.
Eduardo Falú, Horacio Guarany, José Larralde, el Cuchi Leguizamón, el Chango Rodríguez, Jaime Torres, Los Hermanos Carbajal, el Chaqueño Palavecino, Teresa Parodi y el Chango Spasiuk son otros nombres fundamentales de la música folklórica de ayer y de hoy.
Un poema para disfrutar




